lunes, diciembre 03, 2007

El lado oscuro

¡Qué fácil es comprender la entrega cuando uno entiende lo que significan las palabras magnanimidad, desprendimiento!.
Supongo que cada uno somos sensible a una cosa. A unos les pondrán nerviosos, los altos, a otros los rubios, y a otros los que tienen ojos claros. A mi me ponen un poco nervioso, lo reconozco, los cicateros, los minúsculos, los que pretenden para su vida nada más que mediocridades. Si esto le pasa a una persona mayor, lo entiendo. Pero la juventud es irreconciliable con el conformismo. O debería serlo.
Estos no entenderán el ardor de Francisco Javier:
Venimos por lugares de cristianos que ahora habrá ocho años que se hicieron cristianos. En estos lugares no habitan portugueses, por ser la tierra muy estéril extremo y paupérrima. Los cristianos de estos lugares, por no haber quien les enseñe en nuestra fe, no saben más de ella que decir que son cristianos. No tienen quien les diga misa, ni menos quien los enseñe el Credo, Pater noster, Ave María, ni los mandamientos.
En estos lugares, cuando llegaba, bautizaba a todos los muchachos que no eran bautizados; de manera que bauticé una grande multitud de infantes que no sabían distinguir la mano derecha de la izquierda. Cuando llegaba en los lugares, no me dejaban los muchachos ni rezar mi Oficio, ni comer, ni dormir, sino que los enseñase algunas oraciones. Entonces comencé a conocer por qué de los tales es el reino de los cielos.
Como tan santa petición no podía sino impíamente negarla, comenzando por la confesión del Padre, Hijo y Espíritu Santo, por el Credo, Pater noster, Ave María, así los enseñaba. Conocí en ellos grandes ingenios; y, si hubiese quien los enseñase en la santa fe, tengo por muy cierto que serían buenos cristianos.
Muchos cristianos se dejan de hacer, en estas partes, por no haber personas que en tan pías y santas cosas se ocupen. Muchas veces me mueven pensamientos de ir a los estudios de esas partes, dando voces, como hombre que tiene perdido el juicio, y principalmente a la universidad de París, diciendo en Sorbona a los que tienen más letras que voluntad, para disponerse a fructificar con ellas: «¡Cuántas ánimas dejan de ir a la gloria y van al infierno por la negligencia de ellos!»
¡Qué almas más grandes ha dado la historia! Y todos ellos muy pero que muy generosos. Claro que sí.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Los mayores tampoco podemos ser cicateros,!caramba! porque entonces si que nos convertimos pitando en juguetes rotos y siguiendo con el cine,don Ful,se pasa pitando del rosa al amarillo.Dicen que los elegidos de los dioses mueren jóvenes pero es una idea sencillamente espantosa.Javier no tuvo mucho tiempo pero como lo gastó.Adiós,un abrazo de Janusa.Ah1 hago propaganda de Santa Teresa Benedicta entre jóvenes de Mirasierra