viernes, junio 06, 2008

Asi me hice cura

La noche del 27 al 28 de diciembre de 1942 fue muy importante para un chico de doce años llamado José Luis Martín Descalzo. Transcurrían las vacaciones de Navidad en casa de don Cosme, hermano de su madre y párroco de San Cebrián de Arriba, un pueblecito de León. Aquella tarde había caído una gran nevada.
«En el viejo cuarto de estar —recordaría José Luis unos años después— golpeaba un reloj que marchaba más de prisa que los pasos de mi tío, que resonaban en el despacho. Mi tío era un hombre de esos a quienes hay que querer en cuanto se le conoce. Tenía el pelo gris y dos grandes arrugas surcaban la frente, sin que ninguna de estas dos cosas consiguieran hacer menos brillante su mirada ni apagar su sonrisa constante. En el cuarto de estar, mis hermanas hacían comiditas en un rincón. Yo jugaba con Laurel, un canelo de dos años a quien habíamos tenido que meter en casa porque la nieve casi taponaba la puerta de su caseta. De pronto, Laurel se puso rígido, estiró las orejas y lanzó un ladrido agudo, que hizo que mis hermanas levantaran a un tiempo la cabeza. Fue entonces cuando oímos que un caballo se acercaba calle abajo, y se paraba a nuestra puerta. Llamaban. Mi madre tiró de la soga, y al tiempo se abrieron la puerta de la calle y la del despacho de mi tío, que apareció con el breviario en la mano. Abajo había un hombre mal afeitado y con la pelliza salpicada de nieve.»
Aquel hombre venía a avisar de que en Roblavieja se había puesto muy enferma una señora y quizá falleciera esa misma noche. Él seguía su camino a otro lugar, en busca de unas medicinas. Don Cosme no dudó un instante. Se puso sus botas, acabó deprisa su cena y se dispuso a salir. No sirvieron de nada los consejos de su hermana, que le hacía ver el peligro de salir andando, de noche y con esa nevada, para hacer los cuatro kilómetros que había hasta Roblavieja. Solo logró convencerle de que le acompañara su sobrino, José Luis.
«Había dejado de nevar y el aire estaba tibio. Había salido la luna, que daba a la nieve una luz extrañamente blanca. Cuando salimos del pueblo, el reloj de la torre dio las diez de la noche. Mi tío iba embozado en su manteo, bajo el que ocultaba la caja de los sacramentos. Yo iba físicamente embutido en el abrigo y la bufanda y caminaba a saltos para no helarme los pies. La primera parte del camino fue fácil; pero cuando llevaríamos andados cerca de tres cuartos de hora se ocultó la luna y comenzó otra vez a nevar. Se levantó un frío que cortaba y que hacía llorar. La noche se había puesto muy oscura y no había más luz que la que despedía el brillo de la nieve. Fue entonces cuando yo comencé a tener miedo de veras, porque noté que mis pies se hundían más que antes, y tuve la sensación de que nos habíamos salido del camino. Miré a mi tío sin atreverme a hablar, y vi en sus ojos idéntico temor. Nos detuvimos. Se veían ya algunas luces de Roblavieja y el pueblecito se dejaba ver como una mancha más oscura. Pero ¿y el camino? No había posibilidad de adivinarlo, ya que la nieve estaba tendida como una capa, que no permitía adivinar dónde estaba el suelo firme.
»Seguimos andando a la ventura, y ahora el pavor estaba ya en mi corazón. Y entonces fue cuando sucedió lo que tenía que suceder, lo que estaba señalado para esta fecha desde la eternidad. Y todo fue sencillo, como una lección bien aprendida. Mi tío perdió tierra y cayó, dando un grito. Yo corrí hacia él e intenté ayudarle a ponerse en pie. Pero fue inútil. No podía ponerse en pie y ya no volvería a caminar más.
»Lo demás todo fue muy rápido. Corrí como un loco hacia el pueblo, sin atender en absoluto al peligro que también yo corría. Aporreé la puerta de la primera casa hasta hacerme daño en los nudillos. La noticia corrió de casa en casa, y poco después unos veinte hombres y varios perros me acompañaban al lugar donde había dejado a mi tío. Mientras, seguía nevando, y los ladridos de los perros eran secos y parecía que hicieran daño en el silencio. Mi tío estaba sin sentido, pero vivo todavía. Cuando le levantaron quedó en medio de la nieve removida una mancha de sangre que chillaba entre la blancura. Envuelto en una manta le llevaron hacia el pueblo. Abrió los ojos y pidió que le llevaran a casa de la enferma.
»Le arrimaron al fuego y se fue reanimando, mientras el médico vendaba la pierna, toda roja. Cuando estuvo un poco más repuesto pidió que le acercaran a la cama de la enferma, que era una viejecita arrugada que hablaba con rápidos chillidos. Había mucha gente en el cuarto, y yo noté que todos apretaban los labios como queriendo contener el llanto. Yo me quedé junto al fogón, sin acabar de comprender lo que pasaba; era demasiado grande aquello para mi pequeña cabeza. Yo perdí la noción del tiempo, porque mi tío y la vieja parecían no cansarse de hablar. Yo oía desde lejos la respiración ahogada de mi tío —una respiración irregular, como una máquina estropeada—, y entonces, no sé cómo, le vi como uno de aquellos troncos que iban desfalleciendo en el fogón. Le veía doblarse lentamente hasta que al fin cayera. Pero veía su sonrisa clara, que tampoco ahora se apagó; su alegría de morir en un acto de servicio, morir calentando a los demás y agotarse para dar puesto a otro leño que vendría tras él, para morir también en el fogón. Fue entonces cuando se me ocurrió de repente —¿cómo?— que por qué no iba a ser yo el leño que le sustituyera. No sé, nunca se sabe cómo se ocurren las grandes ideas.
»Al día siguiente las campanas de los dos pueblos tocaron a muerto, ¡aunque parecía que tocaban a gloria! Yo estaba como abstraído, como fuera de mí. La gente pensaba que era tristeza por la muerte de mi tío; pero ¿cómo iba a entristecerme una muerte tan estupenda? Me parecía tan terriblemente hermosa aquella muerte, que empecé desde entonces a soñarla para mí. Y era este sueño lo que obsesionaba mi cerebro infantil.»
Al siguiente mes de octubre, José Luis entró en el seminario. Las cosas no fueron fáciles, pero se fueron resolviendo. «Yo recordaba siempre a mi tío en cada sacerdote que veía, y recordaba aquella noche de nieve cada vez que nuestro patio aparecía blanqueado; recordaba sobre todo aquel fogón en que los leños iban consumiéndose. Y pensaba: dentro de cuatro años me tocará a mí arder y también calentar y alumbrar. ¿Qué sería de nosotros sin este fuego vivificador? En los pueblos sin sacerdote —pensaba— deben tener un invierno perpetuo.
»Y entonces venía a mi memoria toda mi vida. Recordaba, sobre todo, aquella noche de diciembre y me parecía que ahora yo estaba repitiéndola. Tanto, que cuando por fin subí al altar tuve la sensación de oír el reloj que aquella noche había dado las diez campanadas. Y cuando me acercaba a la Consagración me parecía como si me hundiese en tierra, igual que aquella noche en la nieve. Me temblaba el corazón como entonces, aunque esta vez no de miedo, sino de gozo.
»Cuando acabó la Misa me senté en un rincón de la iglesia y allí estuve largo rato, como intentando explicarme a mí mismo lo que había sucedido. Todo en mi vida era distinto, comenzaba a sentirme útil y mi existencia empezaba a servir para algo. Me veía entre los hombres con las manos llenas de amor y siendo como un canal entre ellos y Dios, un canal por el que bajarían las gracias del Cielo, por el que subirían las oraciones de la tierra. Me veía derramando el agua santa sobre la frente de los niños, y acompañando los últimos minutos de los moribundos; perdonando a los jóvenes sus pecados —¡ah, y viéndoles marcharse contentos, con una nueva alegría!— y bendiciendo los nuevos hogares en que se perpetuaría la vida. Veía a los niños arrodillados, puros y angelicales, ante el altar, y yo bajaba hasta ellos y les ponía el Cuerpo del Señor sobre la lengua. Yo rezaba también sobre los muertos, y mi bendición era lo último que descendía sobre sus tumbas entre las paletadas de tierra. Yo bendecía las casas, y los animales, y los frutos, y hablaba a los hombres de Dios, y por ellos, por todos ellos, levantaba en las manos la Hostia blanca, en la que Cristo se nos mostraría y vendría a vivir entre nosotros. Sí —pensé—; mi vida comienza a servir para algo.
»Pienso que ya estoy ardiendo, que soy el leño en el fuego, el fuego que ilumina, que calienta; que ese es mi destino: consumirme en un acto de servicio, en un glorioso acto de servicio a los hombres. ¡Y estoy tan orgulloso con este destino!
»¿Cuánto durará? ¡Qué importa eso! Quizá sean muchos años, como mi tío; quizá solo unos meses, puede que unos días; quién sabe si esta misma noche no nevará y estará borrado el camino que lleva a Castales y llegará uno a caballo a llamar a mi puerta. Por eso tengo que darme prisa, tengo que buscar en seguida alguien que me sustituya, que siga en la brecha si yo muero. Este fuego no puede extinguirse, porque con él se apagaría el mundo.»

miércoles, junio 04, 2008

En el camino

No hay cosa que mueva a la autenticidad con más fuerza que llevar a otros a recorrer tu mismo camino. Lo digo porque no creo que haya nadie capaz de persuadir a otros de llevar un modo de vida que a él mismo no le gustara en absoluto.
Cuando uno invita a algo, es porque ese algo te gusta; y cuando las personas se animan a ese camino, se produce como el pago de esa invitación: el entusiasmo del segundo anima el camino del primero.
Es una obviedad decir que Antonio es amigo mío. El próximo sábado recibirá el orden del diaconado. "El número de los discípulos continúa creciendo". El aceptó en su día la oferta de Dios de seguir un camino de entrega en el sacerdocio. Y en ese camino nos conocimos, yo terminando mi preparación, él en los comienzos.
Cuando pienso en su ordenación pienso que "no es posible fallar", porque eso es sinónimo, para mi, de engañar. La fidelidad es un bien escaso pero valioso, y la mejor manera de custodiarlo es introducir a otros en caminos de entrega y autenticidad. "Mi fidelidad es la suya", podríamos decir. Y su entusiasmo ante este maravilloso sacramento es, por así decirlo, el mío. Y así seguirá siendo por los siglos, como fue en los comienzos de Pedro y Andrés, de Felipe y Natanael...
"Antes morir que pecar". Eso decían los antiguos y se entiende fenomenal. Es un peso dulce este de la responsabilidad, de la necesidad de ser modélicos... y si no lo vamos a hacer bien, si no vamos a responder como Dios quiere, mejor es que nos llame a su lado.
Ser fiel es disfrutar con el camino emprendido, aun cuando pudiera costar. Y la fecundidad es la que, primero, da certeza de la verdad del camino comenzado y, después, le da un colorido nuevo, estupendo.
Si no, piense cada uno en su camino, y verá como es cierto...
... o cómo debería serlo.

lunes, junio 02, 2008

La catedral de Mejorada

Cuando Don Justo Gallego comenzó, hace 44 años, a construir una iglesia porque le daba devoción y por amor a la Virgen no creo que imaginara el fenómeno que iba a desarrollarse. Con materiales de desecho y porquerías tipo botes de colacao, comenzó a rellenarlos de cemento y de otras cosas y a construir su iglesia, sin licencia pero con terreno; sin carrera (arquitectos, ¡denunciadle!) pero con unos libros de arte bajo el brazo; sin dinero (vendió todo para seguir con su proyecto) pero con ilusión...
Total, que hoy podemos ver una iglesia inconclusa (¿la terminará una vez?) y máximamente dispar. En un lado hay un patio, en el otro un nosequé... en fin que hay valores de todos los estilos de arte y, a la vez, ninguno.
Cuando uno se topa con la gente de la calle, y se dedica a la tarea de la formación, se da cuenta de que casi todas las conciencias son así: inacabadas y eclecticas. Tienen algunos valores -solidaridad, amor-, pero no hay un conjunto armónico. Dicen si a la vida y al aborto y se quedan tan panchos. Dicen si al amor y al divorcio; si a la verdad y al robo... Maravilloso eclecticismo.
Es como si el edificio cristiano hubiera ardido y quedaran Justos Gallegos de la vida que recogen lo que pueden y hacen lo que pueden. Vidas muy desestructuradas, conciencias inconclusas...
Por eso, cuando uno tiene formación suficiente para conocer principio y fin de la vida, causa y efecto de las cosas, valores que deben poseerse y cosas que deben rechazarse... como mínimo, debe dar gracias a Dios porque tiene su casa fundada sobre roca firme, y vendrán las lluvias, se saldrán los ríos... y aguantará.
Si no eres de esos bienvenido a la parroquia. Podemos ayudarte a poner pilares firmes, como don Justo.

martes, mayo 27, 2008

Erre que erre II

... Al principio pensaba que la vida religiosa era lo suyo. Pero, al poco de estar en un convento, le dijeron que probablemente aquel no era su camino. Volvió a insistir en otro lugar, un tiempo más tarde, y volvieron a decirle lo mismo. Le aconsejaron que pensara si quizá Dios no lo quería como fraile, sino en el ejercicio de la diplomacia y en el cultivo de la literatura. Entendió entonces que aquella era la voz de Dios, que le llegaba por encima de sus deseos e impresiones iniciales. Y fue un gran diplomático y una de las glorias literarias de Francia. Sirvió eficacísimamente a la Iglesia con su trabajo y con su pluma. Con el tiempo, comprendió que sus primeras decisiones fueron solo recodos de un camino que le llevaba derechamente hacia la voluntad de Dios.

Esta suele ser la situación en la que se encuentra el alma antes de decidirse. No ve con nitidez, no escucha con claridad. Solo se tiene una inquietud, una intuición. Es quizá una llamada aún poco perceptible, pero muchas veces no por eso menos real. ¿Dónde me quiere Dios? ¿Para qué? Hay que aguzar el oído, rezar, insistir al Espíritu Santo que nos dé luz, pedir consejo.

—Pero quizá es mejor decidir por uno mismo estas cosas tan personales, sin dejarse influir por consejos de nadie.

Las decisiones personales importantes han de tomarse de modo personal, por supuesto, pero no deja de ser una muestra de inteligencia y hasta de sensatez saber escuchar los consejos de aquellos a quienes podemos considerar dignos de nuestra confianza. A veces, desde fuera se ven las cosas con más objetividad. Y no porque desde fuera se vea mejor la vocación, sino porque quizá pueden ayudarnos mejor a reflexionar sobre cómo son nuestras disposiciones o nuestras actitudes. También pueden decirnos si, por su experiencia, les parece que tenemos o no las condiciones necesarias para seguir un determinado camino en una determinada institución de la Iglesia.

La clave es a quién se pide ese consejo y cómo se recibe. Hay que buscarlo en personas que posean la ecuanimidad y la rectitud necesarias para una cuestión tan importante. Y hay que recibirlo sin dejarse influir por quienes nos empujan a seguir con precipitación un entusiasmo pasajero, pero tampoco por quienes nos invitan a guiarnos por el egoísmo o a dejar siempre las cosas para más adelante.

—¿Y qué puede hacer el que no cuenta con personas de confianza? ¿No se bastará a sí mismo?

Pienso, como Alejandro Llano, que, cuando el aprendiz está maduro, encuentra siempre a su maestro. Puede costar más o menos, pero al final siempre se encuentra. Debemos pedir consejo a personas que tengan la necesaria rectitud y consideración hacia lo sagrado de la conciencia. A personas que entiendan que la labor de consejo y de orientación espiritual es una tarea encaminada a situar a cada uno frente a su propia responsabilidad delante de Dios, una ayuda que nunca supone menoscabo de la autonomía individual.

Toda ayuda espiritual, igual que toda acción de apostolado o de proselitismo, es siempre dar luz a las personas para que, cada una, día a día, vaya descubriendo su camino y lo siga. Quien da consejo sobre la vocación debe tenerlo presente; y quien lo recibe, debe comprender que, lógicamente, no basta con el consejo para resolver nuestro discernimiento, pues el discernimiento de la vocación es siempre personal.

El consejo espiritual ha estado presente en la historia personal de los santos a lo largo de la historia de la Iglesia. Así sucedió, por ejemplo, a Santa Juana Francisca de Chantal. En el año 1601 falleció su marido, el Barón de Chantal, y quedó viuda con veintinueve años y cuatro hijos. Juana Francisca pedía a Dios que pusiera en su camino un director espiritual verdaderamente santo, capaz de ayudarla a encontrar su vocación en aquellas nuevas circunstancias. En 1604 conoció a San Francisco de Sales y enseguida comprendió que era la persona que ella buscaba. Juana Francisca se dedicó a educar a sus hijos, a administrar los muchos bienes que le había dejado su marido y a hacer numerosas obras de caridad con los pobres y enfermos que ella visitaba o que acudían a verla al Castillo de Monthelon, donde vivía. Pasados los años, cuando sus hijos estuvieron ya preparados para valerse por sí mismos, decidió hacerse religiosa, y San Francisco de Sales vio en ella la persona ideal para comenzar la fundación de una nueva comunidad de religiosas que visitaran a los pobres, de ahí su nombre de Hermanas de la Visitación de la Santísima Virgen. Era una mujer con grandes dotes de gobierno, que caminaba de ciudad en ciudad organizando nuevas comunidades por todas las provincias de Francia. En 1622 falleció San Francisco de Sales y quedó ella sola al frente de la numerosa comunidad recién fundada. Buscó entonces la ayuda de San Vicente de Paúl, que sería en lo sucesivo su director espiritual. Cuando falleció Juana Francisca, en 1641, había ya ochenta y tres conventos de la Visitación en varios países de Europa. Ella siempre estuvo muy agradecida a la ayuda y el consejo que recibió de esas dos personas tan santas, que supieron orientarla con sabiduría y fueron decisivas para conocer su propia vocación y para seguirla con fidelidad.

Erre que erre (1ª parte)

La pregunta sobre qué quiere Dios de mí es una pregunta personalísima, de respuesta también personalísima. No hay recetas hechas. No hay fórmulas exactas para saber cuál es la propia vocación. Dios no se repite. No hay un atlas donde, como sucede con las estrellas, uno pueda buscar y reconocer la suya. Dios llama de modos tan distintos como modos hay de enamorarse. Nos llama y nos habla de forma singular. A algunos santos, Dios les sugirió oscuramente su vocación desde la niñez: a Santa Catalina de Siena con una visión, a San Juan Bosco con un sueño. Pero fueron la excepción y, además, ellos no descubrieron el significado de aquello hasta bastante tiempo más tarde.
A veces, Dios da su gracia de un modo llamativo, casi estruendoso, como hizo con San Pablo. También fue excepcional la conversión de Paul Claudel, un literato francés que había perdido la fe muy joven y a quien, la noche de Navidad de 1886, un taxi lo dejó, por casualidad, a la puerta de Notre Dame, en París. Se quedó solo en la gran explanada, frente a la catedral. Contempló la imponente fachada gótica con el gran rosetón central, fulgurante y multicolor en la oscuridad. Se escuchaban los cantos que celebraban la Nochebuena. Decidió entrar. El templo estaba abarrotado. Se fue abriendo paso entre la multitud, hasta llegar junto a la imagen de la Virgen.
Y fue entonces, mientras escuchaba el “Magníficat”, cuando se produjo su conversión. «Yo estaba de pie entre la muchedumbre, cerca del segundo pilar a la entrada del coro, a la derecha del lado de la sacristía. Fue entonces cuando se produjo el acontecimiento que ha dominado toda mi vida. En un instante, mi corazón fue tocado y creí. Creí, con tal fuerza de adhesión, con tal agitación de todo mi ser, con una convicción tan fuerte, con tal certidumbre, que no dejaba lugar a ninguna clase de duda; que después, todos los libros, todos los razonamientos, todos los avatares de mi agitada vida no han podido sacudir mi fe ni, a decir verdad, tocarla. De repente, tuve el sentimiento desgarrador de la inocencia, de la eterna infancia de Dios, de una verdadera revelación inefable. Al intentar, como he hecho muchas veces, reconstruir los minutos que siguieron a este instante extraordinario, encuentro los siguientes elementos que, sin embargo, formaban un único destello, una única arma, de la que la divina Providencia se servía para alcanzar y abrir finalmente el corazón de un pobre niño desesperado: "¡Qué feliz es la gente que cree! ¿Si fuera verdad? ¡Es verdad! ¡Dios existe, está ahí! ¡Es alguien, es un ser tan personal como yo! ¡Me ama! ¡Me llama!". Las lágrimas y los sollozos acudieron a mí y el canto tan tierno del Adeste fideles aumentaba mi emoción.»
En su interior se mezclaban sentimientos contrapuestos. «La religión católica seguía pareciéndome el mismo tesoro de absurdas anécdotas. Sus sacerdotes y fieles me inspiraban la misma aversión, que llegaba hasta el odio y el asco. Esta resistencia mía duró cuatro años. Me atrevo a decir que realicé una defensa valiente. Y la lucha fue leal y completa. Nada se omitió. Utilicé todos los medios de resistencia imaginables y tuve que abandonar, una tras otra, las armas que de nada me servían. Esta fue la gran crisis de mi existencia, esta agonía del pensamiento sobre la que Arthur Rimbaud escribió: "El combate espiritual es tan brutal como las batallas entre los hombres. ¡Dura noche!". Los jóvenes que abandonan tan fácilmente la fe no saben lo que cuesta reencontrarla, y a precio de qué torturas.»
Había en el interior de Paul Claudel un “hombre nuevo” que le empujaba a cambiar de vida. Pero seguía también el “hombre viejo”, que resistía con todas sus fuerzas y no quería entregarse a esta nueva vida que se abría ante él. «¿Debo confesarlo? El sentimiento que más me impedía manifestar mi convicción era el miedo a la opinión de los demás. El pensamiento de revelar a todos mi conversión y decírselo a mis padres…, manifestarme como uno de los tan ridiculizados católicos…, todo eso me producía un sudor frío. Y, de momento, me sublevaba incluso la violencia interior que se me había hecho. Pero sentía sobre mí una mano firme. (…) No conocía un solo sacerdote. No tenía un solo amigo católico. (...) Pero el gran libro que se me abrió y en el que hice mis estudios fue la Iglesia. ¡Sea eternamente alabada esta Madre grande y majestuosa, en cuyo regazo lo he aprendido todo!».
Decidió entregarse a Dios. Al principio...

lunes, mayo 26, 2008

Pippo

"El santo de la alegría", el "sócrates romano", el "conquistador de la libertad"; el "consolador de Roma", el "apóstol de Roma", el "modelo de sacerdotes" o "la música de Dios". Con estos nombres era conocido en la ciudad eterna San Felipe Neri. Sin dudarlo un segundo, es uno de mis santos preferidos.
Felipe Neri, Pippo, fue un tipazo increíble. Nació en Florencia y se dedicó al servicio de los demás, especialmente de los peregrinos de Roma. Finalmente, asesorado por su director espiritual y por la llamada de Dios -obviamente-, se ordenó sacerdote a la edad de treinta y seis años. Se instaló en S. Jerónimo de la Caridad, en la 'española' via Monserratto (donde está la Iglesia española en Roma) y fundó el oratorio, donde atrajo la atención de cientos de jóvenes. Modelo de caridad y modelo para la juventud. Un fenómeno.
Su amor a Cristo quedó reflejado en algunas de sus oraciones: El que quiere otra cosa que a Cristo, no sabe lo que quiere, el que busca otra cosa que a Cristo, no sabe lo que busca. Y también: Dame la gracia, Jesús mío, de no servirte por temor, sino por amor. Yo desconfío de mí, confío en ti, Jesús mío. No te fíes de mí, que te haré traición.
Me cae fenomenal Felipe Neri sobre todo, por su trato con la juventud. A él le encomiendo, junto a San Juan Bosco, esas decenas o incluso centenas de jóvenes que formamos en esta parroquia. Y le pido aprender de él. De él y de su buen humor, que fue bien conocido.
Una cosa me llama la atención: lo mucho y rápido que le obedecía. Preguntado por la rápida obediencia de sus chicos siempre respondía: obedecen pronto porque mando poco. Lo decía con tonillo irónico. Yo creo que, leyendo su vida, obedecían pronto porque amaba mucho...
Otra vez, en vísperas de su muerte, se hizo famosa su frase: "finalmente, hay que morir". Se ve que era un tipo gracioso hasta el final...
Y, por último, es sorprendente lo muy amigos que son los santos entre si. Dios los cría y ellos se juntan. El bueno de Felipe Neri conoció a Ignacio de Loyola, Francisco de Borja, Carlos Borromeo, Pío V...
En fin, habrá que esforzarse. Quizás dentro de 500 años, en una especie de blog futuro, escriba un sacerdotillo por ahí algo parecido a lo que sigue: "hubo muchos santos en aquel barrio; San José Millán, los olábarri (que serán como la familia de San Fulgencio, que eran cuatro hermanos y los cuatro santos...); San Luis Poveda, y otros santos lectores de aquel blog que fue en ellos, más que nunca, de Madrid al cielo...".

viernes, mayo 23, 2008

San Frutos

Creo que san Frutos es el patrono de Segovia. La verdad es que creo que me voy a acoger a su patrocinio, confiando en aquello de "un nombre, un lema"...
Frutos. El otro día me preguntaba un chico: "¿Por qué no entra nadie de la parroquia al seminario?".
Ahora parece que vienen las 'primeras bodas'. En Junio Lorena y Javier, Septiembre Rubén y Montse, en Enero Javi y Lucía... y las que vendrán. Unos pegaron en petardazo, y luego han ido cayendo una detrás de otra...
Hace falta alguno que dé el primer paso. Tú, que lees esto, quizás seas el elegido... o ese amigo tuyo... ¡Ánimo!. Sólo tú sabese lo que pasa por ahí dentro. Tú puedes dar ese petardazo de generosidad.
Y el resto, ¿qué puede hacer?.
Cuentan que el cura de Ars se entrevistó una vez con un compañero muy desanimado por la ausencia de 'éxito' en su pastoral. Años de predicación, entrega, preparación y 'tácticas' apostólicas para nada. "Lo he intentado todo" decía aquel sacerdote joven. A lo que respondió el buen cura de Ars: "¿ha dormido usted en el suelo, ayunado, usado disciplinas, mortificado su gusto frecuentemente?". Ante la negativa del curilla, en santo cura respondió: "pues entonces usted no ha hecho todavía nada".
Hay que emplearse más a fondo en el sacrificio, no sea que uno sucumba al activismo del sacerdote celoso pero equivocado...
Pero, ¿Por qué esta insisitencia en las vocaciones?.
Pues porque tiene que preocuparte quién va a formar a tus hijos.
Yo lo pienso: soy un subproducto de una familia estupenda, y de un colegio lleno de personas que se entregaron a Dios y se han desvivido enseñando a chavales como yo -entonces- a cumplir la voluntad divina. Unos estaban casados, otros eran numerarios del Opus Dei, y otros eran espíritus geniales que circulan por el mundo. Por eso, cuando alguien me dice que hacen falta vocaciones de numerarios yo lo entiendo muy bien, porque, en sentido estricto, por su entrega encontré yo mi vocación y por su entrega encuentro ánimo y estímulo cada semana e incluso cada día.
Pues ojalá entiendas tú también la razón por la cual también hacen falta curas. Porque, ¿qué será de tus hijos -que ya tienes o que tendrás- si no hay buenos curas para ayudarles?.
Recuerdo una persona que hablaba fenomenal de cosas religiosas, con un conocimiento íntegro de la doctrina y con un saber hacer fantástico. Le pregunté por su colegio, y me dijo que él/ella era de provincia, y que había estudiado en el colegio de su pueblo -chiquitito-, y que había buenos maestros pero, sobre todo, en el pueblo hubo un buen sacerdote... y de ahí le venía todo.
¡Vocaciones!. Numerarios, sacerdotes... Mortificación, pedirlo a Dios... y uno, ¡¡¡sólo uno!!! que le eche narices... y el resto vendrán en racimo. ¿Tú quizás?
A rezar.
San Frutos!!! espabila.

martes, mayo 20, 2008

10 años de la séptima

Me he acordado nada más levantarme.
¡Qué día aquel!. Terminando primero de Seminario. ¡Qué final! con la oposición de un Atlético y uno que era y sigue siendo -sorprendente- del Barça.
Pero ganamos...
Diez años. ¡Qué bien estabamos entonces! Y ni comparar con ahora...
Pero no me voy del tema. 10 años, tres champions... y tu comentario.

lunes, mayo 19, 2008

Idolillos

Me cuenta mi amigo E. A. que, cuando llegó a China de vuelta hace unos meses, tuvo una sorpresa desagradable. Desde el Seminario él había querido ir a evangelizar China, y desde hace unos años está en Taiwan haciendo su labor.
El tema es que decidió, en su última visita a España, comprar un Belén para su parroquia. Pero no siempre es fácil pasar cosas a China donde, conviene recordarlo, de libertades se habla bien poco. El policía de aduanas le mandó abrir el paquete y empezó a salir la cabra, el pastor, San José, la mula y hasta Herodes y su castillo, que andaban por allí. El chino de turno le inquirió a propósito de esas figuras: "¿Qué es esto?". No era muy partidario de dejarlas pasar. Nuestro amigo sacerdote contestó: "son mis idolillos familiares".
Total, que el policía siguió escarbando y encontró un chorizo, cecina, lomo y salchichón, entre otras cosa. "¿Y esto otro?". "Los alimentos de mis idolillos". El policía no puso ningún problema. Tanto el Belén como el condumio pasaron sin problema ninguno...
Somos libérrimos de creer en lo que queramos.
Unos confían en sus idolillos: o sea, en el dinero, el tener, el poder, el compararse todo el día, el estar dándole vueltas todo el rato a la centrifugadora mental pensando como tener más, como hundir al vecino, como hacerse notar. Idolillos personales.
Otros incluso creen en un sólo Dios. Y los católicos creemos en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, tres personas y un sólo Dios. Si uno no quiere quedar atrapado por sus idolillos, o acabar creyendo 'únicamente' en Dios, conviene que profundice en su fe porque es, con mucho, lo que te caracteriza como cristiano.
Toma nota.

viernes, mayo 16, 2008

La sensatez de lo concreto

Ayer disfruté de dos horas de campo, breves pero estupendas, porque los campos de la Sierra de Madrid están estupendos con las lluvias que han caído. Fui con mi tía Isabel, que siempre es ocurrente, y esta vez volvió a no fallar en sus vaticinios y consideraciones.
Estabamos de sobremesa, comentando precísamente lo bonito que está el campo. Y ella comentó:
Hay que agradecérselo a San Isidro. ¡Qué primavera tan buena de lluvias!. Así está el campo, que da gusto.
Yo, por mi parte, le respondí:
Supongo que con esto se habrá acabado la sequía, aunque en Cataluña están fatal de aguas.
Y ella dijo:
Claro. Es un problema de falta de realismo. Nosotros nos acogemos a un patrón como san Isidro, bien majo, que cultivaba su tierra y sabía lo que era sacar las cosas adelante. Por eso se hace cargo de nuestras necesidades, como es lógico. Ellos tienen a san Jorge, que se dedicaba a matar dragones -¡qué cosa tan absurda!- y que no se entera de nada. Fulgencio, conviene tener los pies en el suelo, y san Isidro no será relumbrón, pero es muy apañado...
Tomemos nota... Nada como tener los pies en el suelo para hacerse cargo de las necesidades del prójimo.

lunes, mayo 12, 2008

Ofensiva laicista

Ahora les da por hablar de ofensiva laicista. Está bien.
Algunos, creo que los nacionalistas gallegos, dicen que hay que cambiar el calendario por fiestas más actualizadas; por fiestas tradicionales del estado...
Otros consideran que los obispos deberían hacer tal o cual cosa, porque no soportan a las vocese que disienten.
Unos terceros añaden que hay que quitar el concierto a los colegios religiosos.
Y casi todos, si pudieran y exisitiera, pulsarían un botón donde pusiera: destrucción de la iglesia católica.
No soportan dos cosas: la libertad y la autonomía; la libertad y la independencia; la libertad y la firmeza de criterio. Un mundo sin fe católica -que es la que yo trabajo- significa la dictadura de los fuertes. Porque, con el tiempo uno se va dando cuenta de que para triunfar en la vida hay dos cosas: las virtudes y el carácter que uno tiene (de natural; para unos muy fuerte, para otros muy débil) y el sentimiento religioso (que hace, que duda cabe, a los débiles muy fuertes)...
Suprimir el sentimiento religioso (católico) significa dictadura de los poderosos. Lo saben y apuestan por ello. Y si muchos caen, nosotros, mientras resistimos, seremos más fuertes. A más presión, más fortaleza.
Y eso nos viene mejor que bien. A por ello.

jueves, mayo 08, 2008

Más títulos que años

Ayer vinieron a catequesis los niños del Atleti. Vinieron, como siempre, a hablar conmigo de fútbol, a que les pinche y les chiche un poco. Luego Leticia Sánchez de León, su catequista, les pincha arriba para que cuando bajen de catequesis, me ataquen, y así los niños encantados y yo más.
Total que ayer vinieron, y en seguida les pedí felicitaciones por la liga. Se resisten a reconocer la realidad. "Tenemos tantas ligas!!!... fijaos -les dije- el Madrid tiene más ligas que yo años". Y es verdad: aún no calzo los 31. Más ligas que yo años... Ellos pensaban que tenía muchos más años, porque todos los curas, lo sabe todo el mundo, tienen como mínimo 50...
Hoy cumplo años también como sacerdote. Y tengo menos años de cura que copas de Europa el Madrid. Eso sólo lo puede decir el Real Madrid, el Milán y el líverpool, el Ajax y el Bayern Munich, si mal no me equivoco.
Una vida sacerdotal es como un compendio de milagros. El otro día, en una tertulia con gente un pelín más joven que yo, pero no mucho, me obligaron a hacer una 'historia de mis ideas religiosas'. A media narración veo que una se pone a llorar: es que es verdad, es que es de milagro en milagro. El milagro de los compañeros, sus familias, nuestra amistad, la oración, el seminario, el estudio, la doctrina... la parroquia.
Menos años que ligas. Menos años de cura que champions. Por muchos años: de cumplir y de ganar.

martes, mayo 06, 2008

Nihil difficile volenti 2 y conversaciones matutinas tercera parte

Nada es difícil para el que quiere, ¿recuerdas?.
Aquel sacerdote, que al principio se había visto persuadido por lo atractivo de aquel reto (quiere de verdad y podrás), era ahora de una opinión distinta. Pensaba que si a los chicos se les aprieta mucho en este sentido, pueden quemarse. Le parecía que es necesario fortalecer la voluntad, porque es hoy día un bien escaso, pero con ojo.
Nihil difficile volenti. No es verdad, o al menos, es incompleto. Total que el sacerdote se dirigió al despacho del profesor a comunicarle sus dudas a propósito de la sentencia. Lo conversación fue enjundiosa, y el profesor concedió que entendiéndola por sí sola aquello era voluntarismo. No obstante, el buen profesor concluyó diciendo que la frase, con todo, es válida y buena. Y el sacerdote le retó: "perfecto. Si te parece, en tu planta y en tu despacho, reinará el 'nada es difícil para el que quiere'; yo pondré en mi despacho, en el piso de arriba, 'nihil sine gratia-nada sin la gracia'. Creo que mi despacho será mucho más visitado"...
Cambiando de tercio, hoy tercer capítulo de conversaciones matutinas. Dando la comunión, he visto a mi profesor de todo (porque cuando estás en quinto de EGB es tu profesor de casi todas las asignaturas). Además, era mi entrenador de baloncesto, y me quería muchísimo. No es por nada, pero debíamos ser -Juan Gómez Blanes y yo- dos niños divertidísimos. Él siempre reconoció que se lo pasaba bomba con nosotros, y recuerdo que nos tenía un enchufe increíble. Lo cierto es que eramos un poco trastos: fue el primer año que suspendía algo (en quinto de primaria; a partir de ahí siempre saqué todo sobresalientes y un suspenso [plástica o inglés] sólo por ser puñetero), fue el año en que a Blanes y a mi nos cambiaban de letra cada dos por tres para ver si nos serenábamos (la primera vez lloré, las siguientes era cuestión de esperar a Blanes, que haría una trastada premeditada para hacerme compañía), y fue el último año en que fui un buen deportista (entonces era un crack del baloncesto, luego todos dieron el estirón mucho antes que yo y se acabó la historia).
Total, que esta mañana he visto a Juan Herminio, mi profe. Espera el quinto hijo -cuando era profe mio no estaba ni casado- que si es una hija estará fenomenal (porque ya tiene cuatro niñas) y si es un hijo le hará muy feliz.
Conversaciones matutinas. ¡Qué gozada!.

domingo, mayo 04, 2008

4 de Mayo

Hoy, 4 de Mayo, pasan algunas cosas. Si no me equivoco, debe ser el cumpleaños de d. Ignacio Belzunce, a quien encomendaremos especialmente en Misa. Es víspera del cumpleaños de Antonio, un pre-diácono que será ordenado como tal el 7 de Junio. Y es el día después de la ordenación de sacerdotes de 15 compañeros...
Hacía tiempo que no estaba en una ordenación (al menos 3 años). Y me ha sentado fenomenal recordar las oraciones que un día rezamos todos, mi familia, mis amigos... y volver a renovar la entrega, que es algo más que necesario.
Me emocionaron especialmente algunas de esas oraciones. En el momento central de la celebración, el obispo dice: "Te pedimos, Padre todopoderoso, que confieras a estos siervos tuyos la dignidad del presbiterado; renueva en sus corazones el Espíritu de Santidad; reciban de ti el segundo grado del ministerio sacerdotal y sean, con su conducta, ejemplo de vida".
Espíritu de Santidad, ejemplo de vida... y cuando te entregan el cáliz y la patena se dice: "Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la Cruz del Señor".
¿Se entiende ya la razón por la que hay que rezar por los sacerdotes?.
¡Tenemos que tener a Jesús contento!... y no es tarea fácil.
P.D.: La historia del nihil difficile volenti será completada en próximos días... paciencia.

miércoles, abril 30, 2008

Nihil difficile volenti

El trabajo intelectual es, como mínimo, enriquecedor.
En un buen colegio de una ciudad no muy lejana a esta, un profesor cuyo despacho está en la primera planta del pabellón de los 'bachilleres', puso la siguiente frase a la entrada de su despacho: nihil difficile volenti. O sea: nada es difícil para el que quiere.
El buen sacerdote capellán pasó por allí y no pudo por menos que leer la misiva. Corría Mayo-Junio del año 2007. Había gran tensión entre el alumnado. Son los exámenes, que siempre agobian, acompañados del cambio de tiempo, el calorcito, la primavera... El mensaje del profesor era elocuente: quiere de verdad, pon los medios, trabaja, lucha... y gana.
A aquel capellán el mensaje le convenció. "Nada es difícil para el que quiere". Es la exaltación de lo humano. Se puede. Vale la pena. A por ello: es un mensaje claramente juvenil, que mueve las almas y los corazones. A cosas grandes un querer de verdad.
Sin embargo, hace una semana ese cura, que se está acostumbrando a pensar demasiado, sentado como estaba en el sillón de su casa sin televisión le dio por pensar precisamente en este hecho, aparentemente oculto en los días de la historia.
'Nihil difficile volenti'. ¿Seguro?. Un escalofrío le recorrió la espalda y generó una impresión bien distinta a aquella de hace un año: se quieren muchas cosas en la vida, y no por ello resultan fáciles. Es más, resultan verdaderamente difíciles. Aún más: uno ha deseado con ardor miles de cosas, buenas y santas, y no necesariamente se suceden a una voluntad empeñativa y articulada, que pone los medios y lo intenta todo. La experiencia es aún más audaz: resulta que algunas personas hacen eso (apretar dientes a tope; un volens increíble, un querer mayúsculo)... y se estrellan.
"No me convence nada", concluyó el sacerdote. Es muy necesario tener voluntad recia, pero es más importante saber que habrá cosas muy difíciles e incluso imposibles de conseguir a esa voluntad.
Y el cura resolvió que la frase oportuna era otra. O mejor: que esa frase debía ser complementada por otra bien distinta.
Y decidió decírselo al buen profesor...

lunes, abril 28, 2008

Conversaciones matutinas II

Ayer, domingo, Morillo estaba feliz, porque había leído el blog de las 'conversaciones matutinas' y había visto que su genial 'estoy buscando un sitio para no perder matiz' se había hecho famoso. No reconocerá nunca que en realidad tenía un sueño que se moría y al ver que 'su' sitio estaba ocupado se había quedado bloqueado...
Hoy se ha caído Marta de la cama. Marta tiene 4 años, y recoge algunas cosas del altar después de Misa. Le he preguntado en la sacristía por la herida que tenía en la boca, y me ha explicado cómo a las cuatro de la mañana se ha caído y ha puesto en jaque a todo el mundo. Se la veía muy recuperada, porque parecían las 12 de la mañana a juzgar por su vitalidad después de la Misa. Almu, su hermana, ha aprovechado para quejarse de porqué hay que dormir con la puerta abierta y la luz de nosedonde encendida que le da en toda la cara. Yo le he dicho que es una niña chinchona, pero Azagra, que pasaba por allí, la ha defendido... Rocío, la tercera hermana, no decía nada. ¡Es más maja!.
Total que el acceso de la sacristía a la capilla para la acción de gracias ha sido complejo. Porque, primero, está esta conversación a cuatro con Martita, Almu, Rocio y María. Pero llegando a la capilla me han preguntado por la salud de Don José, que fue operado el sábado. Como siempre, feligreses solícitos que rezan por sus curas. Eso está muy bien. Yo he contraatacado y le he dicho a Lorenzo que he encomendado a Lucía, su nieta, porque sé que es su cumpleaños. Le ha gustado, claro, pero lo mejor es que es verdad...
Dos pasos más adelante han aparecido los Sánchez de León, y he aprovechado para comentar con Pepe un tema. En ese instante hemos sido interrumpidos:
"felicidades por lo bien que salió ayer en TV". ¡Jo!, se me había olvidado por completo que salía ayer. No le he dicho nada ni a mi madre. De esta no salgo vivo (he pensado).
"Sale usted muy fotogénico. ¿Le maquillaron?".
"No hace falta". En fin, pa chulo yo, pero a mi no me tocan la cara... Leti se ha partido de risa, claro.
Y más adelante Santi Pampillón que se va Londres con los Benedictinos.
El mundo está loco...
Conversaciones matutinas que dan mucho juego.
Con todo, conseguí hacer la acción de gracias, no te creas...

viernes, abril 25, 2008

Espionaje en el Vaticano

Si uno tiene 4 minutos, junto a decenas de miles de mamarrachadas absurdas podrá encontrar informaciones opuestas a propósito de una cuestión interesante: el servicio de inteligencia del Vaticano. Resulta que la Santa Sede niega la existencia de espías, pero otros afirman que es, con mucho, una de las agencias más dotadas.
¿Por qué este interés mío por los espías del Vaticano?. Pues porque siempre he pensado que gozamos de las mejores de las posibilidades para tener el mejor de los servicios, y que sería una pena 'delegarlo' al gobierno italiano. La Iglesia es la única institución del mundo y el único estado del planeta que tiene en todos los rincones del orbe a tipos a pie de campo (sacerdotes y religiosas del mundo rural) y personalidades en la política o en la diplomacia en esos mismos países (el nuncio, por ejemplo). ¿Quién informa cuando hay una masacre humanitaria? los misioneros. ¿Quién defiende la libertad ante ataques del estado? los obispos, los sacerdotes, las familias...
A pequeña escala, y siempre con el silencio propio del oficio (silencio humano y sagrado al tiempo), conviene conocer que ser sacerdote es, fundamentalmente, ser 'punto de información' de toda tu gente. Eso, que parece tarea sencilla, querido lector, no lo es en absoluto. Son muchas las cargas, preocupaciones, alegrías, cambios...
Me ha consolado mucho la primera lectura de esta mañana. Descargad en el vuestro agobio. No es agobio, pero si ciertamente 'yugo' o 'carga'. Haced la prueba: id uno por uno enumerando vuestros problemas delante del sagrario. Descargad de veras vuestras cosas en Él. Es un alivio. Yo lo he hecho esta mañana: pensaba en los chicos, especialmente aquellos que más sufren o que más quiero o que quisiera que hicieran lo que parece que Dios quiere de ellos, y por dentro una voz decía: "Son mios. No te confundas. Llevan MI ritmo, no el tuyo. Debes tener rectitud de intención". Y luego piensas aquella otra cosa y ves la necesidad de ser humilde, de hacer lo que tienes que hacer e importarte 33 que lo reconozcan o no... y así por su orden.
Y a la salida de ese rato de oración, nuevo. Un remozado impulso hacia la santidad, porque el peso del agobio nos hace arrastrarnos; la compañía de Dios todo lo contrario.
Descarga en Él tu agobio. Verás que bien.

jueves, abril 24, 2008

Biblioteca

El otro día estaba estudiando en una biblioteca, pontificia ella, llena de dos clases de personas: niñas de trabajo social y psicología, y religiosos, sacerdotes y futuros sacerdotes. El contraste es estupendo: durante estos meses, la sala de lectura está llena del gremio celibatario; cuando llega Enero o Mayo, los clérigos y futuros se retiran para dar paso a las 'psicólogas' que aparcan su mini en la puerta y taconean terriblemente durante cientos de metros para alcanzar su puesto al final de la sala... En Enero todavía la cosa tiene un pase; en Mayo imposible estudiar ahí. Y no precisamente por problemas de ruido: el verano sienta muy mal a algunas...
Total, que ahora tocan los meses de los que estudiamos de verdad. Ahí estaba un servidor, dándolo todo, cuando se acercó una chica y le comentó nosequé al que yo tenía al lado. Yo ya había echado un ojo a los apuntes de ese muchacho: cristología. Se ve que era futuro sacerdote de alguna diócesis o religioso cualesquier. El asunto es que la otra le debió preguntar por alguna celebración de su parroquia, comunidad o lo que sea. Y este contestó que tenían un plan estupendo, que patatín y patatán, y al término dijo la siguiente frase, que ya he escuchado en otras ocasiones pero que nunca había pensado tanto: "la celebración de la Eucaristía estará animada por nosotros y luego...".
Animar una Misa. ¿Acaso la Misa no tiene anima, o sea, alma?. ¿Qué es animar?:
Animar. (Del lat. animāre).
1. tr. Infundir vigor a un ser viviente.
2. tr. Infundir energía moral a alguien.
3. tr. Excitar a una acción.
4. tr. Hacer que una obra de arte parezca dotada de vida.
5. tr. Comunicar a una cosa inanimada mayor vigor, intensidad y movimiento.
6. tr. Dotar de movimiento a cosas inanimadas.
7. tr. Dar movimiento, calor y vida a un concurso de gente o a un paraje. U. t. c. prnl.
8. tr. Dicho del alma: Vivificar al cuerpo.

¿Acaso alguno de estos significados se puede aplicar a la Misa?.

Tenemos que rezar mucho. La Misa no se anima, hermano. La Misa ya tiene su alma por sí sola. Se celebra, se vive, se reza...
Esto sí me da miedo, que muchos piensen en dotar de alma a la celebración eucarística, y no si ZP dice, si Esperanza hace, o si Llamazares no sabe si cortarse las venas. Me importa mucho más vivir la Misa. Y que los suyos la vivan también.
Ánimo.

Más fotos de los Ejercicios

miércoles, abril 23, 2008

El número de los discípulos...

El número de los discípulos crecía constantemente. Ésta es la impresión que tengo con respecto a la actividad apóstolica de la parroquia. Y doy gracias a Dios por ello.
Al final encontraréis algunas fotos del último retiro de fin de semana que hemos tenido en la parroquia. Es el cuarto grupo que pasa un fin de semana rezando. Primero fueron los chicos (7), luego los adultos (20), las chicas (16) y, finalmente, la gente tan apañada que podéis ver abajo (35, aunque para cuando la foto de grupo ya habían huido algunos)... El año pasado hicimos sólo una tanda de Ejercicios Espirituales con la asistencia de 19 personas. El número de los discípulos crece... El año que viene será, creo, el 7-8 de Febrero. Uno ya se ha disculpado, diciendo que tiene una cena... Agendas ocupadas: buen síntoma.
Pero interesa más otro crecimiento: el de la calidad de cada uno. Ésta tiene que ser nuestra verdadera tensión. ¡Valladolid!, con Janusa a la cabeza: tenemos que echar el resto rezando por las vocaciones sacerdotales, ¿de acuerdo?. Lo mismo Elieser, buen compañero de aventuras en Londres y ahora peleando en su Venezuela natal. Luispo... que te voy a decir que no sepas. ¡Calidad!. Lectores, a rezar. Todos los días, un pequeño sacrificio, una oración suelta por aquí y otra por allá. Calidad. Vocaciones. Entrega. Libertad.
El número de los discípulos crecía... e incluso los discípulos también.
¿Se puede contar contigo?.

Slide Ejercicios

martes, abril 22, 2008

Conversaciones matutinas

Son incréibles las conversaciones matutinas que se pueden llegar a tener, todas tan diferentes...
Conste que estamos hablando del espacio que abarca de las 6.50 de la mañana hasta las 7.55. Realmente son conversaciones matutinas...
Total que estaba en el confesonario esta mañana, 7.15, y llega una chica. Me comunica que se ha muerto la abuela de otra chica de la parroquia. 'Le encomendaré'. Y entonces empiezo a dudar, porque soy de Madrid, y lo del 'leísmo' (o 'leijmo' que diría Bono) lo llevo fatal. ¿Le encomendaré o la encomendaré?. ¿A ella o a la abuela?... ¡Qué leche!, la encomiendo en Misa y punto, que ahora toca seguir con mis laudes...
Voy a salir a Misa y me encuentro a Morillo bloqueando el paso. Estaba mirando a la capilla, como escudriñando cada plaza libre, o más bien dormido y bloqueado al ver ocupado el sitio donde se sienta habitualmente. Le hago el clásico 'toc toc' en la espalda para que deje via libre. Debo salir a Misa, revestido y todo como estoy. Se vuelve y me comenta (típico de él, la verdad): "estoy mirando despacio para ver un sitio desde el cual no pierda detalle". Me ha hecho reir.
Celebro Misa. Ahí no hay más conversación que la más auténtica de todas ellas: la oración...
Termino. Me siento. Sale Ernesto Ferrer, del Barça a tope. Le miro y le digo: mañana caéis (clara referencia al partido con el Manchester). Y responde, el tío chulo: ¿Pero tú sabes lo que es una champions?, como echándome en cara que estamos fuera de las semifinales...Pero he andado rápido: ¡Claro que lo sé, Ernesto! llevamos nueve. Se ha intentado defender diciendo que ya no nos acordamos de lo que son, pero con las últimas 3 esos argumentos hace tiempo que son insuficientes.
Lo interesante de esta conversación es que ha sido en el pasillo de la capilla. Habrá que esforzarse por no hablar en la Iglesia... ni ser tan chulo. Pero a eso no nos ganan...
También podriámos hablar de la conversación con las niñas en la sacristía, pero eso será cosa de otro día.
Conversaciones matutinas que dan mucho juego...

lunes, abril 21, 2008

Fecha de caducidad

Hace dos domingos me pasó una cosa curiosa, pero que todo aquel que tenga que dedicarse a estas cosas reconocera como muy propia, porque pasa a menudo.
Me tocaba predicar, y no recuerdo muy bien de qué fue la cosa. Yo creo que eran los discípulos de Emaus. La tesis: cómo cambia el carácter cuando uno tiene a Jesucristo como compañero de camino. Se puede pasar de la tristeza a la alegría con cierta naturalidad contando con él como compañero. Hasta aquí lo preparado.
El asunto que no sé por qué me dio por decir al comienzo de la prédica que ese domingo pasábamos del "ya es primavera en el Corte inglés" a los "ocho días de oro"; y que estaba muy bien que aquel centro comercial nos recordara que 'ya es primavera', esto es: cambios de humor, tiempo loco, sube y bajas, enfados absurdos, alegrías fotónicas... Somos así. Ya es primavera.
No estaba pensado, fue un segundo, y en seguida enganché con lo que quería comentar sobre los discípulos de Emaús...
Pues bien, semanas después, aún llegan ecos de lo mucho que sirvieron aquellas palabras. Justo las que no se prepararon. Justo, aparentemente al menos, las más absurdas. Justo, quizás, las más insustanciales... Justo, las que a Dios le dio la gana utilizar. Así es la cosa. El Jefe manda. Siempre.

jueves, abril 17, 2008

¿Te sientes representado?

¿Qué tal, lector amigo?
Yo hoy me preguntaba si te sientes representado por nuestro nuevo equipo de gobierno.
Sí, sí, si a ti que eres mujer del siglo XXI te emociona la figura de Bibiana y su ministerio de la igualdad. O si ese juego de contrarios de la Chacón pacifista entusiasma nuestro énfasis militar...
Lo mío no es la política, ni mucho menos. Pero si el humor, el reírme de estas situaciones y, sobre todo, en no pasarlo mal con los que pasarán y la historia olvidará o anclará en un recuerdo remoto.
Tasa de inquietud: cero.
A lo mejor la foto de Zapatero en la OTAN o la otra de Bernard Soria diciendo que trinque y porritos de calidad para nuestros muchachos, o las bajantes millonarias del pisito de Bermejo te hacen sentirte poco representado...
Consuélate. Podría ser peor, aunque más divertido. Después de todo, existe el más allá del sin sentido. Pincha aquí y lo verás.
¡Ánimo! Queda mucho día por delante, y mucho bueno por hacer

miércoles, abril 16, 2008

Cuando vas deprisa...







... y te topas con gente lenta, ¡ten paciencia!.



Al final de los días se nos examinará no de haber hecho mil cosas, sino de haber atendido a cada una de ellas con dedicación.



Paciencia, y tranquilidad. Al término podrás seguir con tu tarea.



Lo digo porque la primavera la sangre altera, y la gente se cabrea con facilidad: en el atasco, en la cola del baño (especialmente las hermanas entre sí 'qué salgas ya! dice una, mientras la otra se pone monísima), en la conversación con Billy el rápido, e incluso con el microondas, pensando porqué no va más deprisa.



Paciencia, tranquilidad...

lunes, abril 14, 2008

Madres

Después de Dios, se lo debo a mi madre. ¡Era tan buena! La virtud viértese fácilmente del corazón de la madre al corazón de los hijos... Jamás un hijo que ha tenido la dicha de tener una buena madre tendría que mirarla y pensar en ella sin llorar.
Palabras del Cura de Ars, cuando hablaba de su vocación sacerdotal.
Y es verdad: no hay vocaciones al sacerdocio como aquellas que son amparadas y queridas por la propia madre.
Es como en la vida natural. Cuando reconoces que en tu origen fuiste buscado y bien querido por tus padres, aun antes de la concepción, uno se siente realmente amado. Es como un refuerzo potentísimo de la identidad personal y del sentido que tiene tu vida en el mundo.
Del mismo modo, en la vida sobrenatural es muy fundamental -aunque no totalmente decisivo- saber que también tu vocación fue querida y deseada por tu madre. ¡Qué amable se hace todo cuando ellas lo desean fervientemente para sus hijos!.
Y así las virtudes se vierten fácilmente del corazón de la madre a los hijos; y la generosidad de la madre será causa casi segura de la generosidad del hijo.

viernes, abril 11, 2008

Los curas también quieren (o 'Merece la pena II')

Los hombres también lloran, todos los perros van al cielo... y un montonazo de tópicos más que podríamos encontrar en la lengua castellana. Pero a mi se me ocurre otro que quizás nadie haya dicho: los curas también quieren.
Quien piense en el celibato como ser un desenamorado se equivoca mucho. Muchísimo. Es, fundamentalmente, libertad para la entrega. Y no una libertad de tiempos y horarios, que por cierto es también parte del contrato. Es libertad de vínculo, libertad interior para poder querer a cada uno en concreto como si fuera el único, porque ES el único, es Jesucristo para ti. ¿Calculará alguien alguna vez lo mucho que se quiere siendo sacerdote? Difícil. Es casi imposible de explicar, y quizás ponerlo por escrito en un blog de cuarta fila no sea la mejor manera de transmitir su importancia... y su candor.
De entre los que más quieres están, como es lógico, aquellos que teniéndolo todo escuchan dentro de si la voz de Dios. Si todos deber ser todo para ti, aquellos con mucha más razón hasta el punto de que, sin intentarlo excesivamente, les tratas con mucho más cariño. Porque son un recordatorio constante de que tu vida tiene un sentido. Porque son un ejemplo patente de que aquel para quien trabajas tiene, una vez más, misericordia de ti y de todos los hombres. ¡Es tan amable la vida de un chico así!. Y amable es su sentido más original: como aquella que merece la pena querer.
Y es donde tu trabajo llega a la hondura mayor, al punto donde el alma guarda su más recóndito secreto, su lugar al tiempo más escondido y luminoso. Lugar sagrado al que has de entrar como Moisés: con los pies descalzos, con veneración y respeto. "¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?... Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad", con gozosa responsabilidad entras en esos aposentos. Necesaria es la humildad. Trabajo de cirujano especializadísimo, de amigo, de padre y de todo. No se puede fallar. Es lo más decisivo de la vida. No se puede fallar.
Por eso merece mucho la pena seguir peleando todos los días. Porque si tú peleas, otro escucha. Porque si tú peleas, los corazones, empezando por el de uno mismo, rebosan.
Y cuando lo ves recuerdas que vale la pena; y vale la pena no en general: mi vida vale la pena. Y a del otro también. Y eso está fenomenal.

jueves, abril 10, 2008

Divocio y aborto. Llagas de un fracaso (I)

Con gran alegría celebro este encuentro con vosotros con ocasión del Congreso Internacional «"Bálsamo en las heridas". Una respuesta a las llagas del aborto y del divorcio», promovido por el Pontificio Instituto Juan Pablo II de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, en colaboración con los Caballeros de Colón. Me complazco con vosotros por la temática que es objeto de vuestras reflexiones en estos días, más actual que nunca y compleja, y en particular por la referencia a la Parábola del buen samaritano (Lc 10,25-37), que habéis elegido como clave para acercaros a las heridas del aborto y del divorcio, las cuales implican mucho sufrimiento en la vida de las personas, de las familias y de la sociedad. Sí, en verdad los hombres y las mujeres de nuestros días se encuentran a veces despojados y heridos, al margen de los caminos que recorremos, con frecuencia sin nadie que atienda su grito de ayuda y se acerque a su pena para aliviarla y sanarla. En el debate, a menudo puramente ideológico, se crea respecto a ellos una especie de conjura de silencio. Sólo en la actitud del amor misericordioso es posible aproximarse para llevar ayuda y permitir a las víctimas que se levanten y reanuden el camino de la existencia.
En un contexto cultural marcado por un creciente individualismo, por el hedonismo y, con demasiada frecuencia, también por la falta de solidaridad y de adecuado respaldo social, la libertad humana, ante las dificultades de la vida, se ve conducida en su fragilidad a decisiones contrarias a la indisolubilidad del pacto conyugal o al respeto debido a la vida humana recién concebida y aún custodiada en el seno materno. Divorcio y aborto son opciones de naturaleza ciertamente distinta, a veces maduradas en circunstancias difíciles y dramáticas, que comportan a menudo traumas y son fuente de profundos sufrimientos para quien las toma. Golpean también a víctimas inocentes: el niño recién concebido y no nacido y los hijos envueltos en la ruptura de los vínculos familiares. En todos dejan heridas que marcan indeleblemente la vida. El juicio ético de la Iglesia respecto al divorcio y al aborto provocado es claro y de todos conocido: se trata de culpas graves que, en medida diversa y con la salvedad de la valoración de las responsabilidades subjetivas, dañan la dignidad de la persona humana, implican una profunda injusticia en las relaciones humanas y sociales y ofenden a Dios mismo, garante del pacto conyugal y autor de la vida. Y sin embargo la Iglesia, a ejemplo de su Divino Maestro, ve siempre a las personas concretas, sobre todo a las más débiles e inocentes, que son víctimas de las injusticias y de los pecados, y también a los demás hombres y mujeres que, habiendo realizados tales actos, se han manchado de culpas y llevan sus heridas interiores, buscando la paz y la posibilidad de una recuperación.
La Iglesia el deber primario de acercarse a estas personas tiene con amor y delicadeza, con premura y atención materna, para anunciar la proximidad misericordiosa de Dios en Jesucristo. Es Él, de hecho, como enseñan los Padres, el verdadero Buen Samaritano, que se ha hecho nuestro prójimo, que vierte el bálsamo y el vino en nuestras heridas y que nos lleva a la posada, la Iglesia, en donde nos hace curar, confiándonos a sus ministros y pagando en persona anticipadamente por nuestra sanación. Sí: el evangelio del amor y de la vida es también siempre evangelio de la misericordia, que se dirige al hombre concreto y pecador que somos para levantarle de cualquier caída, para restablecerle de cualquier herida. Mi amado predecesor, el Siervo de Dios Juan Pablo II, de cuya muerte acabamos de recordar el tercer aniversario, al inaugurar el santuario de la Divina Misericordia en Cracovia, dijo: «No existe para el hombre otra fuente de esperanza fuera de la misericordia de Dios» (17 de agosto de 2002). A partir de esta misericordia, la Iglesia cultiva una indómita confianza en el hombre y en su capacidad de recuperarse. Ella sabe que, con la ayuda de la gracia, la libertad humana es capaz del don de sí definitivo y fiel, que hace posible el matrimonio de un hombre y una mujer como pacto indisoluble, que la libertad humana -también en las circunstancias más difíciles- es capaz de gestos extraordinarios de sacrificio y de solidaridad para acoger la vida de un nuevo ser humano. Así se puede ver que los «noes» que la Iglesia pronuncia en sus indicaciones morales y sobre los cuales a veces se detiene de manera unilateral la atención de la opinión pública, son en realidad grandes «síes» a la dignidad de la persona humana, a su vida y a su capacidad de amar. Son la expresión de la confianza constante en que, a pesar de su debilidad, los seres humanos son capaces de corresponder a la altísima vocación para la que han sido creados: la de amar...

miércoles, abril 09, 2008

Río revuelto

A río revuelto, ganancia de pescadores.
La política no es mi fuerte. No debe serlo. Me puede interesar más o menos, me puede gustar mucho o poco, pero mi opinión no pasa de ser la de un ciudadano medio medio informado. Pero, a veces, las cosillas tienen que ver con nuestro kiosko y conviene detenerse a pensar en ellas.
Ganan unos, y pierden otros que parece que han ganado. Los que pierden resulta que se pelean. Y los periodistas que iban a bloque con ellos se dividen conforme a los distintos 'partidos' dentro del partido. Entretanto, el que gana sigue a lo suyo, diciendo vaciedades. ¿Qué queda?.
Pues queda bien claro que la guerra del cristiano es, a un tiempo, temporal y transcendente. Que si alguno aspirar a identificar Iglesia con un determinado partido político, va de ala. Y esto, lejos de ser negativo, es positivo. Significa libertad, tranquilidad, luchar mucho para ganar siempre. Pasarán unos y otros y, como desde hace 2000 años, la Iglesia permanecerá. Es una pasada pensarlo, pero es verdad.
Por eso, todo este despelleje colectivo y vaciedad sin fin no tienen que desanimar. Antes bien todo lo contrario: la capacidad de defender un discurso homogéneo y unos valores constantes, aunque contraculturales, es de una importancia decisiva para la sociedad. Eso sí que vale, y no el 'flatus voci' de investiduras chiquilicuátricas.
Gran paz. Mucho trabajo. Demasiada ilusión.

lunes, abril 07, 2008

Ministerio 1- Sta. Teresa 0

"¿Para que gastar salario por lo que no da hartura?" (Is 55).
O sea: no pocas noches sin dormir, después de haber liado bastante tiempo después de unas jornadas laborales del patín a Macarena Sanz y Dani Muñoz, hacer los cuadernos pormenorizados de la actividad parroquial, partirse el espinazo... CERO EUROS. ¡Qué desagradables son los del ministerio de cultura! ¿verdad?. Habíamos pedido bien: doscientos mil para Sydney, treinta mil para un coyuntural campo de trabajo o plan 'B', y tres mil (ná) para el camino de Santiago; por aquellos de caminar como personas. Cero. ¿Lo mejor de todo? que me da exacto. De verdad. Porque lo que no sale por un lado por otro saldrá.
En concreto, Caja Navarra ha contestado ya a nuestro anterior proyecto: el de buscar becas para las actividades de verano. El número de clientes de Caja Navarra que nos apoyaron fueron 20, y la ayuda final asciende a 1298,86 euros. Está muy bien, la verdad.
Seguiremos luchando. De hecho, este año ya llevamos en Caja Navarra 24 votos, así que fenomenal. Todo será para ayudar a los chicos.
Por cierto, que echad un rezo por uno de ellos. El miércoles le toda el segundo examen para registrador de la propiedad. Lleva tres años y medio estudiando. Este segundo examen no lo lleva muy bien, pero tiene alguna posibilidad. ¿Echaras un rezo'. Por fa...
¡Gracias!.

jueves, abril 03, 2008

Merece la pena (1ª parte)

Merece la pena luchar en la vida por permanecer fiel a la Iglesia y a Jesucristo, por ser una persona abierta a la transcendencia, por ser un tipo cargado de valores, por pelear por ser limpio, generoso y entregado. En suma, merece la pena creer en Dios.
A esta conclusión llego todos los días no pocas veces. Y me da la gana de contároslo, por si os sirve.
En concreto, ayer y anteayer estuve con los chicos de 1º de Bachillerato del cole en un retiro espiritual de día y medio en el puerto de Navacerrada. Sitio estupendo. Los muchachos, mucho mejor que el sitio.
Y me dio por hacer esta consideración: me he pasado la mañana y parte de la tarde del martes confesando. Han pasado muchos, gran parte de ellos. Han abierto su alma.
Y pienso: merece la pena ser cristiano y ser sacerdote.
Ser cristiano porque tienes una confianza absoluta de que poniéndote de rodillas delante de un tío lleno de defectos vas a recibir el perdón de tus pecados. Es increíble. Y eso con toda naturalidad. Y además, tienes tal certeza de que eso queda entre tú y Dios. Me llama la atención: los chicos te ven hablar luego con los profes, e incluso a solas, y tienen certeza del siglio sacramental, de que no vas a contar nada. Y es una certeza bien fundamentada: ni se te ocurre decir ni mú. Quiero decirte con esto que el sigilo sacramental, cosa que mucha gente da por supuesta, es uno de los grandes valores de lo cristiano, porque ES VERDAD y es un MILAGRAZO DE ÓRDAGO, porque resulta facilísimo guardar silencio, y humanamente sería imposible.
Y merece la pena ser sacerdote. A veces la gente hace juicios de otros: ese es tonto. Aquel idiota. Y uno, de nuevo, guarda silencio, pensando que es sólo Dios quien juzga, porque cuando atiendes a las conciencias te das cuenta de que muchas conductas tienen su explicación razonable, aunque sean molestas. Merece la pena ser sacerdote porque debe hacerte muy amante de los hombres a pesar de sus defectos. Es imposible no comprenderles. Y eso llena un montón.
Merece la pena. Primera parte. Pronto más.

lunes, marzo 31, 2008

Es que...

Es que es muy difícil.
Es que me tomarán por loco.
Es que si me tomo las cosas en serio a saber lo que piensan de mi.
Es que me voy a significar mucho.
Es que es superior a mis fuerzas...
De verdad: los curas, la Iglesia... Jesucristo no te pide más de lo que puedas dar. Aunque cueste...
¡Ánimo!.

viernes, marzo 28, 2008

¡Vaya dentadura!

Le haré justicia a esta viuda, no sea que tanto me insista que acabe por pegarme. Eso dice Jesucristo en el Evangelio, refiriéndose a una viuda que día y noche le recordaba al juez que le hiciera justicia en su caso. Finalmente, el juez llega a temer por su integridad merced a la insistencia de la buena mujer, y acaba por atender su requerimiento.

Esa mujer es mi madre, el juez soy yo y el caso era: hijo, vete YA al dentista. Así llevamos 7 años, pagando servidor un seguro dental del que no he hecho uso en todo este periodo. Pero, finalmente, llegué a temer por mi integridad física a juzgar por la insistencia de mi madre, y finalmente fui al dentista. Como la última vez que fui no era ni diácono, yo le decía a mi madre que seguro que la doctora era anticlerical y me arreglaba los dientes a puñetazos. Pero a mi madre no le convencían mis razones...

Total, que allí me planté. Yo pensaba que sabía perfectamente lo que me pasaba: unas tres o cuatro caries y punto. Así pareció tras un primer examen, pero la doctora me mando hacer una radiografía. Me la hicieron al momento (en eso no hay queja), y cuando subo y veo el espectáculo casi fallezco de la impresión. ¡Qué espanto!. Un diente pa'cá, otro pa'yá. Y lo peor mi orgullo: al final la madre tendrá razón, leche. Alucinante. ¡Qué boca tan espantosa! en serio, no exagero. La doctora, miraba la pantalla y comentaba:

Oye, mira, este agujero tan oculto como maligno. Te mando a endodoncia porque eso te lo tienen que mirar...

Oye, fíjate, esas encías tan terribles. Te mando a ortodoncia porque tiene mala pinta (en este momento, no sólo mi asombro era total, sino que mi bolsillo comenzaba a romperse...).

¡Qué barbaridad! Fíjate en la articulación. Te mando al especialista de articulaciones porque...

A mi, abstraido y todo como estaba viendo aquel espanto bucal y económico, me dio por hacer la consideración espiritual de que en la vida moral pasa lo mismo: como uno se cuide piensa que es el rey del mambo y lo mismo es un espanto ambulante. ¡Y habrá gente que lleve años y años sin confesarse!. Claro, así cuando llegamos nos toca ortodoncia, endodoncia y todo lo inventable...

La doctora me sacó de mi absorta situación, y alucinada preguntó: "¿De veras no le duele nada?". "Que no, reina, que no. No me duele nada". Y seguía con mi consideración: claro, a las conciencias les pasa lo mismo. No duele nada, pero puede haber un desajuste total. No tiene necesariamente que ver...

"¿No nota molestias nunca?". "Nunca", le dije.

Pero entonces me di cuenta de que en esa boca había agujeros y cosas que yo no notaba con mi lengua. En ese mismo momento la doctora exclamó (con otras palabras, pero vaya): "Vaya, si esta radiografía es de la vieja corrupia que vino antes. ¡Ya me extrañaba a mi!".

Glub, que descanso. Al final, poco más de 100 euros será la cosa, y lo mejor es el consuelo de ver que uno no es tan malo como parece...

miércoles, marzo 26, 2008

Por partida doble

Ayer cayeron dos cartas al director: una en ABC, que podéis leer en un link en la anterior entrada, y otra a El mundo, con la misma tesis pero mejor formulación...
¡Animaos a escribir!. Yo lo hice aprovechando el reflejo gastrocólico (podéis mirar lo que es en cualquier guía médica) que da siempre después de comer y que obliga a las personas a sentarse un rato... Y funcionó (el reflejo gastrocólico y la idea, claro). Luego, más tarde, lo puse la idea por escrito(no se piense que tengo un ordenador siempre a mano) y ha funcionado. Hoy quizás cien mil personas (lectores de ABC y el Mundo) habrán leído que en China no se respeta la libertad religiosa o que se obliga a abortar al segundo hijo. Algo es algo, ¿no?.
Allá va la carta.
El fin que Francia persigue al formular la posibilidad de boicotear los juegos olímpicos es apelar al sentido común del gobierno chino. El motivo: la represión del Tibet, que es una represión a la vez humanitaria y periodística, al negar el acceso a a la prensa extranjera. Nada más razonable que la decisión de Sarkozy, habida cuenta de que unos juegos olímpicos son viva expresión de la igualdad de todos los hombres y mujeres, de la excelencia del trabajo; una fiesta del compañerismo y del esfuerzo. Ojalá una apelación global a China al sentido común permita no sólo el cese de la represión del Tibet, sino también el respeto de derechos humanos tan obvios como la igualdad de hombres y mujeres, la libertad de prensa, la libertad religiosa y la posibilidad de cualquier mujer de decidir cuántos hijos quiere tener y no verse obligada a abortar en caso de más de un embarazo. El anuncio de Francia viene tarde pero es oportuno: ¿qué dirán el resto de naciones?.

Otra vez en el candelero

http://www.abc.es/20080326/opinion-cartas-director/tarde-pero-oportuno_200803260258.html.

lunes, marzo 24, 2008

La Misa es aburrida

¿Por qué la Misa es aburrida?. Y los niños respondieron: porque es siempre igual, porque es larga, porque dice siempre lo mismo... En esto, uno de los muchachos dijo: la Misa es aburrida porque el sacerdote no se cree lo que hace. Resultó que esta respuesta fue la que más atención atrajo, y los niños concluyeron que este era el auténtico motivo por el cual la Misa era, para muchos de ellos, un rollo: el sacerdote no se cree lo que hace.
Ser cristiano será aburrido si tú no te crees lo que haces y lo que significa. Si tú crees que Cristo vive, que siempre está contigo, que no hay dificultad que pueda con tu ánimo y su gracia, que todo vale la pena, que todo responde a un plan, que el amor de Dios vence siempre... en ningún caso lo cristiano resultará casposo, aburrido, pasado, inútil.
Ser cristiano es aburrido si uno no se lo acaba de creer.
Y hacen falta cristianos -y sacerdotes- vibrantes. ¿Cuándo una consideración profunda y auténtica sobre la resurrección de Cristo y el sepulcro vacío? O todo impostura, o todo real. Si lo primero, apaga y vámonos; si lo segundo, ¿a qué esperas para darlo todo y disfrutar como un enano?.
¿Qué eliges?.

sábado, marzo 22, 2008

A los pies del crucificado

Hoy toca rezar a los pies del crucificado.
Y entonces leo: ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?. Es del pregón pascual que escucharemos esta misma noche de pascua. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?.
De rodillas como estaba, en el silencio de un templo vacío, no puedo dejar de rezar y de pensar de qué serviría, Dios mío, ser rescatado si no me entero de lo que eso significa. Es como una moción interior que dice: cambia, piénsate mejor lo que haces.
¡Qué responsabilidad!. Ya lo decía San Juan de Ávila en referencia a aquel sacerdote que sólo pudo celebrar una Misa, porque falleció aquel mismo día. Al comentárselo al santo, él respondió: ¡Que grandísima responsabilidad! ¡Qué cuentas tendrá que rendir a Dios!.
Años de cristiano, años de preparación, años incluso de sacerdocio para, en este momento, darte cuenta de que no has hecho sino comenzar. Que la amistad que te llevó a dejar muchas cosas está todavía en palmitas, que es real pero no del todo, que está en todo lo que haces pero no completamente; que hay que crecer, y mucho.
¿Y por qué te cuento esto? porque quizás a ti te pase lo mismo.
¡Que noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!. Esa es la vida del cristiano y la vida, con mayor razón, del sacerdote. En nuestro actuar, en nuestro pensar, en nuestro querer, se deberían unir el cielo y la tierra, lo humano y lo divino. ¡No hemos hecho más que comenzar!
¡Qué suerte sería comprender bien y casi del todo estas cosas!. Que Dios nos lo conceda...

jueves, marzo 20, 2008

Triduo Pascual

Hay acontecimientos en la vida de los cuales uno se acuerda siempre. "Naciste a las cinco y media de la tarde". Han pasado un montón de años, pero tu madre se sigue acordando del lugar, la fecha y la hora exacta en que naciste, cuánto pesaste, si fue un parto largo o no...
Lo mismo puede decirse de aquel día en que dos personas que se quieren se conocieron, o aquel otro en que se casaron... Lo cierto es que este recuerdo milimétrico no se suele tener de muchas más cosas, porque es verdad que no son tantas las cosas esenciales en la vida de los hombres. Generalmente uno recuerda fecha, día y hora de dos tipos de cosas: las especialmente buenas y las especialmente malas...
También en la experiencia religiosa es necesario que haya momentos de este estilo. Días y horas concretas donde uno descubrió tal o cual cosa del misterio cristiano: el amor de Dios, el perdón, la gracia, la vocación. "Eran las cuatro de la tarde" dice San Juan en su evangelio, recordando el momento en el que el Señor le llamó a su servicio. Sabía muy bien cuándo y dónde Él le eligió.
Mientras no seamos capaces de establecer un marco topográfico de nuestra fe -lugar, día y hora-, no será fácil reconocerla como algo vivo, como algo distinto de una moral o de una idea de la vida. Aquellos discípulos se encontraron con Jesús, y recuerdan muy bien el día en que los rescató mediante su muerte -era la hora sexta- y su resurrección -muy de madrugada... ¿Nosotros qué?. ¿A qué hora te llamó a su servicio? ¿Cuándo supiste que ese misterio de gracia y perdón era verdadero? ¿acaso has descubierto ya, de verdad, para ti, que en ese trozo de pan está la Eucaristía y que verdaderamente 'no eres digno de que entre en tu casa'?.
Fe real. Fe concreta.
¿Será este Santo Triduo la ocasión para ello?

lunes, marzo 17, 2008

La otra Javierada

Esta es la otra Javierada: la que nos 'curramos' los curas dale que te pego a pensar qué será lo mejor para los chicos.
Vale la pena. A veces es la única ocasión en la que nos juntamos unos cuantos y pasamos unos días juntos. Y se aprende mucho unos de otros. Y podemos hablar nuestras cosas. Y, quien sabe, el de Arriba puede mover a alguno, por qué no, a unirse a este estupendo grupo nuestro. Seguro que sí. El año que viene, otra vez el Leyre, a ver si se anima alguno más...

Si queréis más fotos de la Javierada, ahí tenéis la presentación que hicieron los de Caná. Como estuvimos juntos en no pocos momentos, a veces también salen de los nuestros:

jueves, marzo 13, 2008

Con pose de idiota redomado

Mereció la confianza de los votantes a pesar de su pose de idiota redomado, de estar por debajo de los umbrales de la más normal educación y de desfachatez absoluta. Cualquiera pensaría, de unos días a esta parte, si España es un país normal o acaso el feudo de la sin razón. Este tío paseará por el mundo representando a España en Europa y en el mundo entero.

La democracia es fantástica. Yo no digo que no, pero digo que un tío como el chiquilicuatre (antes a España la representaba Butragueño, Induráin...; ahora, en Eurovisión, el tío ese) es un esperpento absolutamente indicativo de los criterios y valores de la España actual. Yo no le había dado bombo a la noticia, pero cuando ayer un chico de la parroquia me puso su canción en youtube, no pude sino aguantar quince segundos, hundirme en la silla y exclamar en cinco lenguas: ¡Madre mía!. (O sea, madre mía, meine Mutter, my mother, mamma mia y, finalmente, mater mea).
La democracia es fantástica, pero la formación es mejor. Vuelvo a llevar el ascua a mi sardina. Atentos a las declaraciones que me han hecho algunos particulares ayer mismo:
He estado 13 años en un colegio religioso y nunca me dijeron que había que ponerse de rodillas al pasar delante del sagrario. Chúpate esa!!!.
De los más de 10 años que pasé en aquel colegio religioso sólo recuerdo una vez en que nos llevaron a confesar: en vísperas de la primera comunión. Quizás hubo más, pero yo no las recuerdo. Y, a pesar de todo, ese chico ha acabado siendo un cura estupendo!!!.
Treinta años tocando el violón -y no hablo de los políticos ni mucho menos, que esos bien que han hecho su trabajo- son tiempo de embarazo más que suficiente para dar a luz, al termino, a no pocos chiquilicuatres.
Si labramos otros treinta años de educación, formación, entusiasmo, encendimiento... vocación, quizás nos pille mayores, muy mayores, pero habrá otro producto social nada chiquilicuatrico.
¡Ánimo, familias!.

lunes, marzo 10, 2008

Lo verdaderamente preocupante

Gran consternación entre mucha gente de bien después del resultado electoral. Y no hay que negar lo evidente: triunfa el discurso vacio y, en lo que a un sacerdote le interesa (fundamentalmente), triunfa la legislatura que aprobó la unión de homosexuales como matrimonio, que cuestiona la ley del aborto (brutal en sí misma), que se plantea la eutanasia y que pone a Soria como ministro de Sanidad mientras miente y dice que preservativos para todos y alcohol de calidad. Eso triunfa. Y no conviene negarlo.
"Los pueblos caerán en la fosa que hicieron", dice el Salmo 9. Cuando se socaba la integridad de las personas, uno tras otro caerán a la fosa de pecado y egoísmo que preparan contra los valores más elementales.
Conviene no temer. El otro día, en el colegio, cogí un libro ("soñad y os quedaréis cortos") para hacer tiempo en el confesonario. Lo abrí por medio y leí como, en medio de la persecución y el descalabro de la segunda república, San Josemaría le decía a un muchacho (no recuerdo quién): "que no te dé ni frío ni calor estos cambios de gobierno. Ten sentido sobrenatural, lucha, y confía", le venía a decir.
Es buenísimo ser cristiano. Es grandísimo saberse hijo de Dios.
No os engañéis: los políticos, todos, no tienen ni idea de lo que le pasa a la gente. No son conscientes, para nada, de la infecundidad de la juventud actual, de la esterilidad del amor tal como se plantea, de la fugacidad de las relaciones, de la pobreza interior que siembran... y caerán en la fosa que hicieron. Es fundamental no temer y apostar por dos cosas: Santidad, porque es decisivo gente auténtica (eso si que es temible, los tibios); y vocaciones, lo que significa buenos obispos (valientes) y muchos sacerdotes (celosos).
Ese es nuestro auténtico voto. Ese es nuestro derecho. Santidad y vocaciones. Familia e Iglesia. Dos mil años y... ¡esto no ha hecho más que comenzar!.

viernes, marzo 07, 2008

Más segunda parte

Cuentan que, a mediados de los setenta, el secretario de estado norteamericano reunió a los líderes palestino e israelí ante la tensión creciente en oriente medio. Llegados a Nueva York, el tal secretario de estado les condujo a una sala para hablar del tema, y pasará a la historia la presentación que les hizo. Les dijo: "pasen dentro, y resolvamos esto como caballeros cristianos". Esto, dicho a un ministro israelí, obviamente judío, y a un ministro palestino, presumiblemente musulman, no deja de tener su gracia. De hecho, ambos se rieron.


Algunos siguen teniendo presente que el cristiano es, como mínimo, un caballero; una persona que porta unos valores muy útiles para la convivencia. El perdón, el diálogo, la capacidad de escucha... son virtudes muy cristianas. Pero hay una certeza que tienen todos los cristianos que molesta mogollón a la cultura retro dominante: que existe la verdad. Eso joroba mucho...


La Javierada y todo festejo que se monte en la parroquia tiene este único objetivo: crecer en la verdad. Que la conozcas, que la estudies, que la reces.


Para conseguirlo, dos pasos muy sencillos:


1.- Aprender la verdad: a través de charlas, confesión, hablar con el curar, etc.


2.- Obedecer a la voz de Dios: ¡Cuántas resistencias!, ¿por qué? porque obedecer cuesta. Hay que rezar, chicos y mayores, porque si no una parte no pequeña de la verdad de tu vida quedará en oscuridad y el enemigo querrá apoderarse de ella. ¡Luz para las almas!.


Que no acabe esta cuaresma sin propósitos de oración. Esta vez no, por favor...

Más

lunes, marzo 03, 2008

Curas, a trabajar

'Curas a trabajar'. Así reza la pintada exhortativa de la pared lateral de la parroquia que da a la calle Collado de Marichiva. Y tienen razón: curas, a trabajar, porque trabajando se es mucho más feliz y los frutos son maravillosos.


Creo que ha salido todo bastante bien, aunque habría que entrar en cada conciencia para comprobar el dato porque, a nosotros, nos salen bien o mal las cosas no sólo por el número sino sobre todo por la calidad y el crecimiento interior.


Salimos el viernes para Pamplona. Y todo ha ido, prácticamente, igual que otros años. El sábado por la mañana estuvimos 16 ó 17 sacerdotes confesando íntegra e ininterrumpidamente durante 45 minutos, lo cual supone hacer limpia en un montón de corazones. Esto, como comprenderás, se nota mucho en el ambiente general de ilusión, entusiasmo, relaciones limpias.


Los chicos, cuando confías en ellos y no les engañas (sabían a lo que venían), suelen corresponder con la nobleza que corresponde a su edad. Es cierto que, siendo un grupo tan grande, hay que decir que no todos, con el riesgo añadido de que a ser noble y honrado llega un momento en la vida en que se es o no se es, y es muy difícil aprenderlo. Por eso, hay motivos más que de sobra para dar gracias a Dios porque hay un futuro de calidad con chicos tan majos. De verdad.


A partir de mañana, con fotos, desglosamos la Javierada. Entre tanto, a seguir rezando, para que la cosa de los frutos que Dios quiera, pero si quiere que sean abundantes nos hará muy felices.


Allá van dos fotos: la de más gente es la de todas las parroquias de Madrid que íbamos juntos (unas 8 parroquias); la otra, con menos, somos sólo nosotros.