Hoy doy gracias a Dios por varias cosas. La primera, vuestros comentarios de ayer, porque me siento muy identificado con todo lo que decías. Es verdad que he difundido a tope el DVD (me encanta), pero lo que más me entusiasma es ver cómo ayuda a que muchos corazones jóvenes se abran (como decía el primer comentarista) y se entusiasmen con ideales grandes, y no me refiero con ello necesariamente al sacerdocio. Lo digo porque se respira y se nota ese ambiente. Nunca había dado una charla en la que, como el otro día, se aplauda (al menos que yo recuerde) un mínimo de cuatro veces (al final del DVD, después de contestar a un muchacho, tras la respuesta a un profesor y al final del todo).
La segunda cosa por la que doy gracias a Dios es por el hecho mismo de ser sacerdote. Esta mañana he estado rezando con la primera carta a los sacerdotes escrita por Juan Pablo II, en 1979. Y me he quedado muy parado (entusiasmado, con grandes deseos de que ojalá yo fuera así) en dos puntos:
"Quien quiera salvar su vida la perderá, y quien pierda la vida por mi y el Evangelio, ése la salvara. Son éstas palabras misteriosas y parecen una paradoja. Pero dejan de ser misteriosas, si intentamos ponerlas en práctica (...). Que a todos nosotros se nos conceda esta gracia en nuestra vida sacerdotal y en nuestro servicio lleno de celo".
"Sois portadores de la gracia de Cristo, Eterno Sacerdote, y del carisma del Buen Pastor. No lo olvidéis nunca jamás; no renunciéis nunca a esto; debéis actuar conforme a ello en todo tiempo, lugar y modo. En esto consiste el arte máximo al que Jesucristo os ha llamado. Arte de las artes es la guía de las almas escribía San Gregorio".
¡Cuanta oración necesitamos...!.
La segunda cosa por la que doy gracias a Dios es por el hecho mismo de ser sacerdote. Esta mañana he estado rezando con la primera carta a los sacerdotes escrita por Juan Pablo II, en 1979. Y me he quedado muy parado (entusiasmado, con grandes deseos de que ojalá yo fuera así) en dos puntos:
"Quien quiera salvar su vida la perderá, y quien pierda la vida por mi y el Evangelio, ése la salvara. Son éstas palabras misteriosas y parecen una paradoja. Pero dejan de ser misteriosas, si intentamos ponerlas en práctica (...). Que a todos nosotros se nos conceda esta gracia en nuestra vida sacerdotal y en nuestro servicio lleno de celo".
"Sois portadores de la gracia de Cristo, Eterno Sacerdote, y del carisma del Buen Pastor. No lo olvidéis nunca jamás; no renunciéis nunca a esto; debéis actuar conforme a ello en todo tiempo, lugar y modo. En esto consiste el arte máximo al que Jesucristo os ha llamado. Arte de las artes es la guía de las almas escribía San Gregorio".
¡Cuanta oración necesitamos...!.