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martes, noviembre 20, 2007

Dime cuanto cobras y te diré quien eres

Más cosas de nuestra comida de antiguos alumnos. Todo surgió porque se me ocurrió comentar que me parecía buena idea comunicar a los fieles y a quién desee saberlo cuál es el sueldo de sacerdotes y obispos. Y ahí apareció de nuevo Jaime Diez, arguyendo que no le parece útil tal dato por no poderse comparar con un sueldo de una persona 'normal' (yo tiendo a ser normal, aunque no acabo de conseguirlo). A él le parece que esos 712 € (más trienios) los dedica el cura sólo para si, y que ninguna persona responsable de una familia puede dedicar esa cantidad para uno mismo. Que el cura tiene casa puesta y no existe una serie importante de gastos (P. E.: los hijos).
Claro, que eso, pienso yo, puede decirse si la casa que uno 'normal' acaba por tener después de una hipoteca pagada durante años no fuera tuya. Uno dedica euros para si mismo y su familia en forma de patrimonio.
Mi tesis era, por el contrario, que me parecía útil para objetivar lo que un sacerdote cobra y la gente no piense que va al libre arbitrio del cura. Y que puestos a evaluar si es mucho o poco, tiendo a considerar que no es un exceso y que, especialmente en lo sacerdotes sin renta familiar, es un poco desastre por la imposibilidad de adquirir nada (ni piso ni hacienda ni nada), de modo que existe un riesgo no pequeño de una vejez (sacerdotal, eso si) compleja. ¿Es que la diócesis no se encarga?. Partim, partim: o sea, que la diócesis hace lo que puede pero no es ni mucho menos el banco de España...
¿Es buena política decir lo que cobra un cura y un obispo?. Vota en la encuesta que encontrarás a la izquierda (abajo) de tu pantalla...

miércoles, noviembre 14, 2007

Cosas que no entendía

El año próximo, el 13 de Junio de 2008, se cumplirán 10 años que 'entré' en el seminario. Recuerdo que ese día tenía un examen de álgebra -era un sábado- que comenzó a las 10 y acabó a las 14. Yo fui el primero en terminar: acabé a la una. Dios debió ayudarme, porque no repasé ni una cifra (eran rollos de matrices y cosas de esas) y saqué un 9.25. Mi mejor nota en la universidad civil. El examen fue muy fácil, casi nadie suspendió y hubo bastantes buenas notas. Las cosas como son.
Aquel día comí por primera vez con el que iba a ser mi formador. Lo recuerdo estupendamente. Pablo González, se llama. Y dijo una cosa que, desde entonces, tengo grabada: "veros asegura mi fidelidad". Entonces no lo entendí mucho, porque son cosas distintas las nuevas vocaciones y la fidelidad de uno... pero ahora lo entiendo muy bien.
Ayer hablé con Jaime. Es alumno del Seminario de Madrid. Nos conocimos en su parroquia, a la que fui destinado siendo seminarista. De esa parroquia también está Antonio, seminarista de quinto curso. Hace 6 años los tres no veíamos allí para la catequesis, tomar una caña y hablar. Mucho hablar. Dentro de 4 años, seremos los tres sacerdotes -yo ya, ellos a punto- y asegurarán mi fidelidad y la continuidad.
Ayer, como digo, hablé con Jaime, y me dio una alegría grandísima. Sé que puede leer esto: me parece fenomenal. Pues si: escuchar a estos muchachos es como un latigazo interior que te mueve a buscar decididamente la santidad. No puedes fallar. No.
Y los que vendrán...

miércoles, octubre 31, 2007

Supongo

Supongo que en estas cosas no es conveniente hacer una excepción, y Dios no estará dispuesto a hacer tal cosa porque es casi peor...
Es normal que las personas mayores mueran antes que los jóvenes. Es normal que, por ley de vida, los padres fallezcan antes que los hijos. Pero no debería ser así con los padres de los sacerdotes.
Corazón de carne. Los sacerdotes y sus padres deberían emprender juntos el camino hacia el cielo. ¡Qué lugar tan imprescindible ocupan, por lo menos, para mí!. No sé si leerán esto: en caso afirmativo se pondrán muy orgullosos. Y no es para menos. Porque para ellos también rige: los padres son para los hijos, pero no siempre los hijos hemos sido para los padres (¡qué paciencia tienen!)... Uno recibe de ellos amor, dedicación, todo... la única respuesta que me sale es la gratitud. Insuficiente. Pero más no sé. Claro que sí.
Corazón de carne. Pues si. Y con ellos más que con nadie. Lo digo porque siempre están cuando les necesitas, tanto en cuestión de tiempo como de ayuda o de afecto (quizás esto es lo más importante).
Cuando, a veces, ves a alguna madre, temerosa de que su hijo sea sacerdote... ¡qué mas quieres, alma de cántaro!. Única y sin competencia alguna. Ése es el lugar que ocuparás en el corazón de tu hijo sacerdote: tanto hoy como mañana; hoy en este 'mundo', mañana en la Misa de cada día, y pasado juntos en el cielo... No sé si alguien podrá pedir más.
Con esto, que casi me da una vergüenza atroz, espero corresponder mínimamente. Y aún así, me sigue pareciendo una correspondencia escasa a la dedicación de mis buenos padres. Muy escasa...

lunes, octubre 29, 2007

Correspondencia

Uno, a veces, experimenta cierto desazón por lo que se podría llamar 'falta de correspondencia'. Te das cuenta de que, como sacerdote, intentas ser leal y trabajador con los chicos, y, honradamente, luchas por sacar lo mejor de si mismos. Inevitablemente se establece una relación que está a medio camino entre la amistad y la paternidad. Así de claro. El desazón viene cuando descubres pequeñas cosas que, sin saber muy bien porqué, son como piedras en el camino: un comentario de los chicos viéndote más como autoridad a burlar que como alguien que busca su bien, un desplante a alguna cosa en la que pusiste ilusión, un desaire a Dios y a las cosas de Dios...
Teniendo estos pensamientos en la cabeza leí una cosa que me encantó, y que sirve mucho, tanto para mi, como para los que sois padres. Allá va: "Esto lo he llevado a mi oración. Y he visto que los padres son para los hijos y no los hijos para los padres. Es lo que tantas veces digo a otros y yo he de aplicármelo primero... Si como el profeta Ezequiel, yo tuviese que pedir al Señor que me cambiase el corazón, no le pediría que me cambiase el corazón de piedra por uno de carne. Si acaso, al revés, que en vez de este corazón de carne, me diese uno de piedra... y, entonces, hijo mio, entonces ¡dormiría a pierna suelta todas las noches!".
Con todo, vale la pena tener un corazón de carne, ¿no es verdad?.

sábado, octubre 27, 2007

Un cura se confiesa

Ese era el título de una obra de José Luís Martín Descalzo que recuerdo haber leído poco antes de entrar al Seminario. Cuenta su propia historia, y me gustó mucho: normalidad. Sólo recuerdo, con todo, una cosa. Cuenta que estando en el seminario menor fue a su casa, al pueblo, para el verano. Allí conoció a Marisol, y se enamoró de ella. Tenía 15 años, y se enamoró como se enamoraban antes los chicos de 15 años. Quizás habló con ella 3 veces, pero era una cosa muy sentida por él: le entusiasmaba la tal Marisol. Lo cierto es que al final de verano se dio cuenta de que aquello no debía ni podía ser si quería ser sacerdote, de modo que aprendió una lección de un modo muy sencillo y natural; delicado.
El resto del libro cuenta, recuerdo ahora, algunas otras cosas de interés. Su estancia en Roma, en el colegio español, en Piazza Nabona. El interés intelectual de los alumnos, el compañerismo... ¡Qué cosas tan bonitas!.
A mi también me ha dado por ser "un cura (que) se confiesa". Pero contaré lo que me dé la gana. No habrá grandes historias, e imagino que para quién no me conozca serán relatos que traen por una friolera. Por el contrario, a los amigos y personas queridas les pasa como a los niños: les encantan las historias. Por eso yo voy a contar algunas, las que me dé la gana; ideas, sentimientos u opiniones. Lo que viene siendo el blog. Pero, si cabe, más personal. Por otra parte, soy bastante reservado para muchas cosas (las importantes), así que no conviene esperar la sinceridad de Martín Descalzo...
Hala pues: una nueva andadura en el blog... Igual que siempre, mejor que nunca.